Cirugía Ortognática, una mirada general

Cirugía Ortognática, una mirada general

Publicado: 6 noviembre, 2021

Los tratamientos de las anomalías craneofaciales implican manejos combinados entre ortodoncia y cirugía ortognática con el fin de preparar las estructuras dentales, manejando las inclinaciones y malposiciones de los dientes, alineando y coordinando los arcos, cerrando los espacios interdentales, buscando la mejor intercuspidización y alineación de la línea media con sus bases óseas, para que con los movimientos quirúrgicos logrados con las osteotomías se puedan obtener los objetivos funcionales y estéticos propuestos.

Sabemos que la cirugía ortognática hace referencia al manejo quirúrgico de las anomalías congénitas o que se presentan en el desarrollo o el crecimiento de los maxilares, al manejo de las deformidades adquiridas en diferentes tipos de trauma de origen civil o militar, o por el desarrollo de tumores o enfermedades locales, que pueden llevar a alteraciones de la oclusión o del crecimiento de los huesos que componen el macizo craneofacial, causando deformidades que requieren una intervención ingeniosa y oportuna de un grupo de especialistas en cirugía plástica, cirugía maxilofacial, ortodoncia, periodoncia, odontología pediátrica y prostodoncia, con el fin de restaurar y recuperar la apariencia y la función, con objetivos claros desde el punto de vista estético y desde el punto de vista funcional, tanto en la parte dental como en la parte esquelética y, por supuesto, facial. De esta manera, se busca una restauración de la función normal del aparato musculoesquelético craneofacial, restableciendo una oclusión adecuada, con una mejoría estética y con una estabilidad del tratamiento a largo plazo.

La oclusión como sabemos, es la forma como los dientes superiores e inferiores se acoplan durante el cierre mandibular o mordida, soportada esta relación por la compleja estructura neuromuscular muy activa, a nivel de la región craneofacial. La maloclusión es un factor común a los trastornos de desarrollo de los maxilares y está presente en el 85% de la población. Este término describe las relaciones oclusales que no cumplen las condiciones funcionales ideales durante la mordida, por discrepancias entre el tamaño de los maxilares o entre el tamaño de los dientes y sus maxilares, ocasionando apiñamientos y patrones alterados de mordida.

Esto puede pasar por herencia, o aparecer de manera única o individual, ya sea como secuelas de un traumatismo, alteraciones en el crecimiento de las diferentes estructuras óseas, debidas al desarrollo de tumores en los tejidos blandos o duros de la cara, por procedimientos quirúrgicos o por alteraciones en el desarrollo de los maxilares. Las variaciones en la estructura y tamaño de los maxilares se pueden deber a varios factores, desde malos hábitos en la niñez, como desequilibrios miofaciales, o bien anomalías congénitas como labio y paladar hendidos, microsomías craneofaciales, o craneosinostosis.

El diagnóstico de la relación interarco se basa en la oclusión canina y molar con la clasificación de Angle, o sea en la relación que existe entre la cúspide mesovestibular del primer molar superior la cual debe ocluir sobre el surco mesovestibular del primer molar inferior, debiendo el canino superior ocluir, a su vez, sobre el espacio delimitado entre el canino y el primer premolar inferior, a esta relación le conocemos como normoclusión clase I. Cuando la relación entre los arcos maxilares presenta una oclusión en la que el primer molar y el canino inferior ocluyen atrás o distal a su debida correspondencia con el primer molar y el canino superior, se tiene una relación o clase Angle II o distoclusión, la cuál puede tener dos divisiones, una en la cual los incisivos superiores se encuentran en vestibuloversión y los incisivos inferiores en vestibuloversión acompañados de micrognatismo inferior y la otra en la cual los incisivos superiores se encuentran en palatoversión y mordida profunda, con retrusión de la mandíbula.

La tercera relación o clase III Angle, corresponde a la mesoclusión en la cual el primer molar y el canino inferior ocluyen en forma mesial, a su correspondencia con el arco superior. (Figura derecha)


Un adecuado análisis facilita:

La realización del diagnóstico que va a sintetizar lo relevante y alterado en cada área estudiada para, de esta forma, tomar una adecuada decisión de tratamiento. De igual manera, cualquier duda en el diagnóstico podrá ser ampliada y aclarada con el análisis para establecer los objetivos faciales, esqueléticos, dentales, estéticos y funcionales y así, concluir con la elaboración del mejor plan de manejo:

Diagnóstico facial: Dónde se realiza un diagnóstico de frente y otro de perfil describiendo únicamente lo alterado respecto a los tercios faciales, competencia labial, asimetrías en función y reposo, línea de sonrisa, exposición del incisivo en reposo, cuánto tipo de perfil recto, cóncavo o convexo, ángulo nasofrontal, ángulo nasolabial, surco mentolabial y distancia entre el mentón y la garganta. 

Diagnóstico esquelético: Se diagnostican los hallazgos positivos en la radiografía anteroposterior, panorámica y de perfil en la cual se define tipo de perfil esquelético, el tamaño y posición de la base de cráneo, la clasificación de Angle I, II o III, tamaño y posición del maxilar, tamaño y posición mandibular, alturas faciales e inclinaciones dentales. Para este diagnóstico se aplica el estudio cefalométrico. 

Diagnóstico dental: Se define clase de Angle molar y canina I, II o III, sobremordida vertical y horizontal, línea media superior o inferior, alteraciones dentales y de tejidos blandos, como caries, problemas periodontales endodónticos, prostodónticos, ausencia de dientes y asimetrías. Para el diagnóstico de la sobremordida horizontal, también llamado